Noches de luna, tapas y buen vino. Madrid, España.Con sus tradicionales bares y cervecerías, la Plaza Santa Ana es uno de los puntos de encuentro más vibrantes de Madrid.
Cae la tarde y la madrileña Plaza Santa Ana va cambiando de fisonomía. Se van a casa los que extendieron la sobremesa junto con los que se pasaron allí varias horas gloriosas leyendo el diario y las familias con chicos que disfrutaron del sol. La plaza del día se va apagando y, mientras tanto, comienzan a encenderse las luces de los muchísimos cafés, bares de tapas y restaurantes que la rodean. Todo se prepara para la invasión de jóvenes que cada noche pululan por uno de los puntos de encuentro más vibrantes de Madrid. A lo largo del tiempo, la Plaza Santa Ana - el alma del barrio de Huertas o barrio de las Letras, dicen los entendidos - ha sabido ser centro de reunión y puente de escritores, pintores, políticos, aristócratas, bohemios, toreros o gente del flamenco, cultores todos de esa pasión tan española por la vida, el arte y la buena mesa. Ayer y hoy Por allí circulaban Manolete y otros matadores antes de cada corrida de toros en Las Ventas. En las mesas de la terraza de la Cervecería Alemana se sentaron, en distintos momentos de la historia, personajes como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Frank Sinatra, Ava Gardner y, muy asiduamente, Ernest Hemingway, quien se hizo devoto habitué de la plaza y sus noches de luna, tapas y buen vino. También Pedro Almodóvar utilizó el salón del colmao Villa Rosa como escenario para una de las secuencias de su película Tacones lejanos. Ayer y hoy, la Plaza Santa Ana es uno de los ritos inefables de la vida en Madrid. Situada a pocas cuadras de la Puerta del Sol, se llega a Santa Ana subiendo por la calle Huertas. En el pasado, no había ninguna plaza sino que ahí estaba emplazado el convento de Santa Ana, fundado por San Juan de la Cruz en el siglo XVI, que coexistía en esa zona con los antiguos corrales de comedias, antecedentes de las salas de teatro y entretenimiento principal de la corte. En 1810 el rey José Bonaparte, hermano de Napoleón, decidió derribar el convento para transformarlo en una plaza pública. Con el tiempo, fueron apareciendo modernos teatros y se demolieron algunas casas lindantes, hasta que quedó diseñada la configuración actual, presidida por las estatuas de Calderón de la Barca y Federico García Lorca, y rodeada de tabernas, cervecerías y restaurantes con sus mesas desplegadas en la acera. Uno de los lados de la plaza está dominado por el antiguo y bellísimo Teatro Español, construido sobre lo que fue el viejo Corral de la Pacheca del siglo XVI y luego reconstruido varias veces por sucesivos incendios. Allí estrenaron sus obras grandes glorias de la escena española, como García Lorca, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Valle-Inclán y Jacinto Benavente, cuyos nombres aparecen grabados en el frente. Una curiosidad: junto al número 3 de la Calle del Prado se ve todavía una puertita gris que abre hacia un pasadizo secreto, por donde las damas ingresaban a la cazuela del teatro. Del otro lado de la plaza, aparece la imagen del Hotel Reina Victoria, de 1916, con sus enormes ventanales y su porte blanco y soberbio. Levantado sobre el mismo solar donde el francés Merimée comenzó a escribir su obra Carmen, el Reina Victoria pasó a la historia como "el hotel de los toreros": Manolete dormía siempre en la habitación 406 y otros matadores como Dominguín, Joselito y Rafael de Paula lo utilizaban como refugio antes de dirigirse a Las Ventas. El restaurante de la planta baja, el Midnight Rose, es ya un clásico para la alta gastronomía madrileña, al igual que The Penthouse, un bar instalado en la terraza, con una de las vistas más espectaculares de la ciudad. Algunos de los pubs y cafeterías que pueblan la plaza funcionan hace más de un siglo, como La Suiza, que ofrece buenas tapas, tartas y dulces pero sobre todo leche merengada, toda una marca registrada. O la Cervecería Alemana, de 1904, una parada obligatoria para sentarse en la terraza y pasar el tiempo frente a unas gambas cocidas, pulpo a la vinagreta, boquerones fritos, callos, tortillas, ibéricos, todos platillos de antología. Si de tapear se trata, hay mucho más: Miau, Los Cabales, La moderna, Cervecería Santa Ana, Naturbier, Viva Madrid o el nuevo local del Mesón Cinco Jotas son algunos de los mejores bares y restaurantes de la zona. Para el final, en la esquina de la plaza con la calle Núñez de Arce, una sangría y buena música esperan tras la maravillosa fachada de azulejos andaluces del Villa Rosa, un tradicional colmado de la década de 1930, donde Pedro Almodóvar filmó una película y donde la noche se prolonga eternamente en Santa Ana. |
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